Terapias complementarias: comprender, definir e integrar responsablemente

Una mirada crítica sobre su desarrollo disciplinar, la formación profesional y su integración en los sistemas de salud

Considero que uno de los principales desafíos que enfrentan las terapias complementarias no reside únicamente en la discusión sobre su evidencia científica o en la ausencia de marcos regulatorios, sino también en la falta de claridad conceptual que permita definir qué son, cuál es su objeto de estudio, cuáles son sus mecanismos de acción y cuáles son los alcances de su ejercicio profesional.

A partir de mis investigaciones y revisiones críticas, sostengo que avanzar hacia su reconocimiento e integración responsable requiere superar las ambigüedades que persisten en torno a conceptos como terapia complementaria, terapia alternativa, práctica terapéutica y recurso terapéutico. Estas expresiones no son necesariamente equivalentes, y su utilización indistinta puede generar confusiones en la investigación, la formación académica, la evaluación clínica y la elaboración de políticas sanitarias.

Definir con precisión es una condición necesaria para construir conocimiento, establecer criterios de evaluación y delimitar responsabilidades profesionales. Sin un marco conceptual consistente, resulta difícil desarrollar programas de formación coherentes, investigar los posibles mecanismos de acción de cada práctica y establecer criterios adecuados para evaluar sus beneficios, limitaciones, riesgos y alcances.

Esta discusión también debe trasladarse al ámbito de la educación médica. Las terapias complementarias forman parte de una realidad asistencial que no puede ignorarse: muchas personas recurren a ellas mientras reciben tratamientos convencionales, en ocasiones sin comunicarlo a sus profesionales de salud. La falta de información y de espacios de diálogo puede dificultar la identificación de riesgos, posibles interacciones y expectativas terapéuticas inadecuadas.

Por eso, considero necesario incorporar conocimientos básicos sobre terapias complementarias en la formación de los futuros profesionales de la salud. No se trata de capacitarlos para ejercer estas prácticas, sino de brindarles herramientas para comprenderlas críticamente, conocer sus posibles mecanismos de acción, reconocer las limitaciones de la evidencia disponible, identificar riesgos y orientar a sus pacientes de manera informada, ética y segura.

La integración responsable requiere, además, fortalecer la comunicación entre pacientes, terapeutas complementarios y equipos de salud, promoviendo decisiones compartidas y una atención centrada en la persona. Esto implica abandonar tanto el rechazo indiscriminado como la aceptación acrítica de cualquier práctica. Cada intervención debe ser considerada de acuerdo con sus características específicas, su fundamento, la evidencia disponible, su seguridad y sus límites.

Desde esta perspectiva, las terapias complementarias no deben plantearse como sustitutos de la medicina convencional, sino como prácticas cuyo posible aporte debe evaluarse rigurosamente y cuya utilización debe desarrollarse dentro de un marco de responsabilidad, formación adecuada y respeto por los derechos del paciente.

Mi propuesta es avanzar hacia un desarrollo disciplinar que articule la construcción conceptual, la investigación científica, la formación profesional, la regulación del ejercicio y la educación de los equipos de salud. Estos componentes no son procesos aislados, se necesitan mutuamente para construir criterios claros y favorecer una integración que proteja a las personas y contribuya a mejorar la calidad de la atención.

Cuestionar las terapias complementarias no significa necesariamente rechazarlas. Significa interrogarnos sobre sus fundamentos, precisar sus alcances, evaluar sus limitaciones y asumir la responsabilidad de construir conocimiento. Es a través de esta mirada crítica que podemos superar las controversias superficiales y abrir un diálogo fundamentado entre las terapias complementarias y los sistemas de salud.

El desafío no es solamente lograr que las terapias complementarias sean reconocidas, sino construir las condiciones conceptuales, científicas, educativas y éticas que hagan posible su integración responsable.

Por eso es necesaria su urgente regularacización bajo una ley del libre ejercicio de las Terapias Complementarias. Teniendo presente que esta ley no debe prohibir el uso personal de las terapias complementarias ni pretende restringir las prácticas que se desarrollen fuera del ámbito de aplicación que determine la normativa. Simplemente que exista una ley cuyo objeto sea regular el ejercicio profesional, establecer requisitos de formación e idoneidad y garantizar la protección de las personas usuarias, reconociendo a los terapeutas que así queremos ejercer nuestra profesión.

Este artículo reúne y desarrolla una línea de reflexión presente en dos de mis trabajos:

  • ¿Por qué cuestionamos las terapias complementarias? La construcción conceptual como primer paso hacia su integración responsable. Leer el ensayo completo en Zenodo.
  • Complementary Therapies and Medical Education: Relevance for Clinical Recommendation and Their Integration into the Health Care System. Revisión crítica sobre la formación médica, la orientación clínica y la integración responsable de estas prácticas. Leer el artículo completo en Preprints.org.

Por Mabel Alejandra Davila — Terapeuta complementaria e investigadora en terapias complementarias.